Archivo por las dudas — Instructivo, más o menos
Un trámite de tres pasos. El archivo no garantiza ninguno.
Desde la ventanilla, usted elige una foto de su teléfono. Una de esas que sacó sin saber bien por qué y que tampoco borró. No se pregunta el motivo.
La máquina la reduce a lo esencial: puntos negros y blancos, nada de grises, nada de detalles. Es lo único que se guarda. Ni la foto original, ni su nombre, ni dónde la sacó. Al ofrendar, recibe un souvenir con el Nº de aporte, aproximado.
La ofrenda pasa a formar parte del archivo. Desde ahí, las franquicias (unas piezas de gres con una pequeña pantalla en el medio) la hacen resurgir cada tanto, sin aviso, hasta que otra empieza a aparecer lentamente. Cuál y cuándo lo decide cada franquicia, sin más criterio que la intuición.
Son delegaciones del archivo: piezas de gres hechas a mano, cada una con una pequeña pantalla en el medio. La pantalla recibe las ofrendas y las muestra sin criterio. Según su humor, deja cada una más o menos tiempo. No avisa cuando cambia, y nadie sabe cuál viene después.
Cada franquicia recuerda por su cuenta. Si se queda sin batería, ruega que la carguen y vuelve en breve. Si le crece moho, es porque ninguna casa cumple las condiciones de conservación.
Cualquiera puede adquirir una franquicia y observar el archivo desde ella: colgarla en una pared, apoyarla en una mesa, y esperar a ver qué recuerdo ajeno le toca. Se asignan sin criterio. Para solicitar una, escriba al archivista.
Simón Pera, único empleado del archivo. Nacido en Buenos Aires. Hoy no sabemos concretamente dónde está, pero cumple con el horario.
Otras obras: simonpera.com · @s.i.m.i.o